ETB por Mi mesa cojea



Euskal Telebista, como toda televisión pública que se precie, ha sido una casa de putas. El licenciado en periodismo Andoni Ortuzar pasó de redactor de Deia a ejercer diversas funciones en el Gobierno Vasco antes de ser nombrado, en 1999, director del grupo EiTB, conglomerado de televisión y radio pública vasca.

Ortuzar mantuvo su cargo hasta 2008, cuando se convirtió en presidente de la ejecutiva vizcaína del PNV y, por ende, en uno de los hombres fuertes del partido. En otras palabras, EiTB estuvo en manos de un político con aspiraciones durante 9 años. Al final, el tipo consiguió el despacho que ansiaba.

No obstante, durante el periodo Ortuzar, ETB tuvo una buena audiencia media. Como bien saben los profesionales de la televisión, los gustos televisivos vascos son lamentables. En Euskadi la crónica rosa española es líder de audiencia todos los días. Crónicas Marcianas lideraba todas las noches (Euskadi era la comunidad donde más share alcanzaba), y en Gestmusic todavía recuerdan aquella noche en que el programa de Sardá alcanzó un 100% en los tres territorios vascos. Por eso, ETB siempre quiso ser Telecinco. Un Telecinco pobre y paleto, un hermano tonto de provincias. Y lo consiguió.

Pero con la llegada de los socialistas y los populares al Gobierno Vasco, todo empezó a derrumbarse. La audiencia de ETB, mayoritariamente nacionalista, decidió dar la espalda a una cadena pública ahora controlada por los españoles. Ocurrió en las semanas siguientes a las elecciones, en muy pocos días, y el desplome fue total.

La nueva dirección del grupo EiTB fue puesta en manos de Alberto Surio, corresponsal político de Diario Vasco (Vocento) y contertulio profesional. Un hombre sin ninguna experiencia en televisión, solo que, al contrario que Ortuzar, de perfil no nacionalista.

Su primera promesa fue "devolver el pluralismo político a ETB". Esto se tradujo en el regreso de varios hijos pródigos a la cadena, como Oscar Terol o Antxon Urrosolo, con sendos programas estrellas que no están dando, ni de lejos, los resultados esperados (esta semana Terol ha obtenido un 9'1% en prime-time, y el estreno de Urrosolo fue de 11'2% en franja de tarde).

Pero Surio es un periodista y no un político, de modo que sabe cómo se censura en los medios de comunicación. Y no se hace, tal y como se hacía en la era Ortuzar, llamando por teléfono al director de un programa para que controle a sus guionistas (viví este lamentable episodio cuando escribía "La gran evasión", un late night en directo producido por El Terrat para ETB 2). Se hace contratando a las personas adecuadas, ésas que nunca te forzarán a hacer una llamada. De modo que Surio dijo ante el Parlamente Vasco que le parecía indignante que ETB dejase sus grandes programas en manos de "sólo" seis productoras. Obviamente, Surio debe saber que "sólo" hay seis productoras en Euskadi que puedan hacer programas grandes. No le importó.




El resultado es que la nueva ETB está dando trabajo a pequeñas productoras que ahora deben subcontratar casi todo a las grandes para poder sacar adelante los programas. Y el dinero público sigue dando vueltas, a capricho del iluminado de turno.

A río revuelto, ganancia de Televisión Española, que en Euskadi se asienta como la cadena más vista en un tira y afloja con Telecinco. Mientras, los nacionalistas expulsados del grupo EiTB buscan refugio en Grupo Noticias, que engloba a varios medios de perfil nacionalista. Medios que se han enzarzado en una guerra con EiTB. Una guerra política. Nada que ver ni con el periodismo ni con la información. Pura propaganda, pública y privada. Pura vergüenza ajena.

La televisión pública vasca es una puta violada y putrefacta, y el nuevo Gobierno ha decidido regarla con Nenuco. Nacerán fetos muertos que hablarán, eso sí, euskera y castellano. Más cadáveres sin capacidad crítica, pero con derecho a voto.

Que viva la democracia y sus fraudes declarados.

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